Cartas de vino: reinventarse para mejorar

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vinos adaptada

Irene Santos | Barcelona

Hacer de la elección del vino una experiencia sencilla para nuestro cliente: esa es una de las claves por las que apostar en la realización de las cartas de vino.  Y, en este proceso, diseño y categorías se dan la mano.  

¿Cómo acertar en la realización de una carta de vino que aúne sencillez, pero que no se deje nada en tintero, resaltando aquellos caldos que más nos interesan?

Te mostramos algunas recomendaciones:

  • Precio

El componente psicológico juega un papel importante. Se ha demostrado que el vino que más se consume es el segundo más barato. Así, hoy la mayoría de restaurantes buscan la rotación por el encima del margen.

  • Adaptarse al número de comensales

Encontramos cartas en las que se puede escoger según el formato, no sólo el de 0,75l sino también el mágnum, el de tres litros para las mesas de grandes familias y de muchos amigos, o bien tamaños individuales tipo quinto para los que comen a solas.

  • Variedades

Una de las opciones que gana más adeptos es la clasificación del vino en función de su aroma o sabor, utilizando para ello descriptores sencillos y de fácil comprensión (afrutado, dulce…), si bien  la zona de los viñedos sigue siendo la principal referencia.

  • Compensación

La carta ha de estar siempre bien compensada, ofreciendo vinos de distintas denominaciones de origen, de distintos precios y una variedad de tipos y añadas: vinos blancos jóvenes y criados, secos y afrutados, vinos tintos jóvenes y criados, clásicos y modernos con algunas marcas de moda… Mucho mejor aún si añades una selección de vinos extranjeros.

  • Tecnología, un aliado

Las tablets táctiles se abren paso y en ellas podemos ir descubriendo la historia de cada elaborador con un montón de fotos, gráficos, mapas y datos técnicos. Además podemos buscar por los términos que más nos interesen: bodega, enólogo, tipo de elaboración, según sus certificados ecológicos, añadas y/o grados alcohólicos.

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  • ¿Cantidad vs calidad?

Una apuesta más que segura para lograr que nuestro comensal no se pierda entre variedades y decenas de propuestas, es que la carta sea, realmente, una buena y sintética selección de caldos, que armonicen a la perfección con su menú. La carta de vinos ha de estar en consonancia con el tipo de gastronomía que ofrecemos. Si estamos especializados en cocina francesa deberemos incluir una variada selección de caldos de ese país, desde los más clásicos a las últimas novedades.

Por último, es importante resaltar que a la carta de vinos se ha de prestar la misma atención que a la carta de menú, en cuanto a su presentación y seriedad.  Así,  podemos mantener una misma carta de vinos todo el año, ofreciendo recomendaciones de vinos también fuera de carta para poder dar a elegir entre una mayor variedad y adaptarnos a los gustos según la época del año en la que nos encontremos. Otra opción consiste en cambiar la carta cada seis meses, para así poder tener vinos diferentes en otoño-invierno, y primavera-verano.

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