Siete claves para convertirte en influencer gastronómico.

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¡Meet Spencer, el último y auto-proclamado reclamo de las redes sociales! (Es curioso como la autoconfianza y el autoengaño pueden estar tan cerca…) Spencer ofrece colaboración para catapultarte a lo más alto, a cambio de que lo invites a comer en tu restaurante. Si hay alguien susceptible de ser conquistado por el estómago, ese es Spencer. A su vez, él te conquistará a ti con su cartera de incontables seguidores.

Básicamente son incontables porque son imaginarios. Bueno, algunos “reales” tiene, unos que ha conseguido atraer… comprándolos. Excepto tres: su madre, su padre y su hermana. Nunca subestimes el poder “influencing” de una familia aburrida en la Slovenia profunda; armados con una tablet de segunda mano, un ordenador de sobremesa y una clave WiFi hackeada del ayuntamiento del pueblo, este “dream team” está haciendo estragos entre los blogueros de restaurantes. Veamos cómo nos dice Spencer que podemos convertirnos en un influencer gastronómico.

Hola amigos, seguidores y supervivientes del lado cutre y decadente de la vida, bienvenidos a mi Blog!

Hoy les traigo: cómo pasar por influencer aunque nos importe un pimiento la comunidad.

¿Quieres hacerte influencer de la noche a la mñana? Para conseguir… ¿fama?, ¿protagonismo?, ¿reconocimiento?, ¿crear tu propio trabajo?, ¿un ego más inflado?, ¿qué es lo que realmente le motiva a uno a hacerse influencer gastronómico, o de lo que sea?? No, no, no… la única motivación real aquí es conseguir comidas gratis. O sea, el objetivo es comer – o vestirse- bien, y no tener que pagar.

Total, que ahí van mis 7 consejitos para un Blog de éxito ahorrándonos el rollo de buscar seguidores, generar credibilidad, “engachment” de ese, y demás tonterías para las que no tenemos tiempo.

1: Busca un tema: bolsos, zapatos, hoteles, o platos.

Lo primero que tendremos que hacer es decantarnos por un producto o servicio. Depende de lo que quieras conseguir, ropa de ciertas marcas, productos que quieras probar, noches gratis en hoteles, etc. No tiene que ser necesariamente algo que te guste, no es tan importante que te guste como que te convenga, ¿capisci?

  1. Define un target: mmm, ¿en quién pensaría yo?

Los manuales dicen que tenemos que pensar a quién vamos a complacer y servir con nuestro mensaje y acciones. ¡Pero qué tontería!, es obvio que la persona a la que quiero tener contenta es a mí mismo. Pues platillos será para mí, “barriga llena, bolsillo contento”. Llámame glotón y tacaño, lo soy. Siguiente.

  1. Construye un look: parecer cool es un trabajo full time.

El peinado: ese peinado despeinado, con ese mechón espontáneo de caída irregular, se consigue invirtiendo tres horas frente al espejo, y echando mano de una infraestructura interminable de productos químicos que lo sostengan “casual” y completamente bajo control. Extenuante, normal que uno luego tenga hambre.

La silueta: matarnos de hambre durante horas tiene el beneficio adicional de que saldremos fantásticos en la foto, ANTES de la comida. Te aguantas, ya comerás si haces las cosas bien. ¿Es cool o no es cool? Thumb up!

La ropa: por supuesto, la temperatura del ambiente es inversamente proporcional a la ropa que debemos usar: un gorro de lana en pleno agosto, y unos pantalones arremangados hasta las pantorillas en enero es una cuestión obvia y elemental. Estar a gusto y saludables no tiene nada que ver con la belleza, de hecho esto es una contradicción en sí misma.

Las gafas: elemental, marco de marca, negros de pasta y por supuesto sin cristales. Son también imprescindibles y no tiene nada que ver que tengamos miopía, o que seamos cortos de miras. Son muy necesarios, ya que a los influencers como yo, la comida -y la vida- nos entra por los ojos. 

  1. La actitud: los influencers no tenemos abuela, ni madre, nacemos de las etiquetas rebajadas.

Tenemos que cultivar una autoestima tan alta como sea posible. Ponte el chip hedonista e individualista como bandera, arréglate e invierte todo lo que tengas en el chasis, que es lo único que importa en esta vida. Autoconvéncete de que eres lo más cool que alguna vez se haya dignado a poner un zapato en este planeta, rollo: “si es que esta ciudad no me merece”, ¿entiendes? Es obvio que los que están con la cantinela absurda esa de: “la belleza se esconde en el interior”, son siempre los mismos pringados, o sea los feos. 

  1. Las fotos: activando el “modo belleza”.

Cómo conseguir buenas fotos, las del plato perfecto y las de tu cuenta de Instagram. Pues comprándolas, ¿para que están los bancos de imágenes? Para las personales no hay más que ser fieles al estilo de vida que queremos promocionar, y gastar horas y horas hasta conseguir sacar una única foto, la foto perfecta… Lo que hay detrás de lo que se ve, detrás de las cámaras, o sea la verdad, no tiene absolutamente ninguna importancia. Uno es lo que enseña, y punto. 

  1. El perfil: Lifestyle, lifestyle y más lifestyle.

Hay que elegir un estilo de vida. Los variados estilos de vida se pueden relacionar con sendos tipos de restaurantes, entonces, en vez de fijarnos en las últimas tendencias, en qué es lo que se vende más, lo que busca la gente… vamos a pensar en qué nos gusta a nosotros, y después imponerlo, si no, ¿qué gracia tiene ser influencer?

  1. Conseguir seguidores: la parte fácil.

Para qué complicarse. Convirtámonos sin complejos en lo que se conoce como “pseudo-influencer”, que se posicionan tranquilamente comprando los seguidores. Seremos nosotros mismos los que contactaremos a las marcas diciendo que somos Tal y Pascual, tengo tantos seguidores, ofrezco una colaboración a cambio de una comida, bla bla bla. Es echarle morro y darse mucha importancia. Si después resulta que cuando entran a nuestro perfil encuentran cosas cutres, fotos chungas, y que es obvio que tenemos seguidores comprados -tal y como reflejan los “likes”-, olvídalos y redirige hacia el próxima víctima… quiero decir restaurante.

Kit de superviviencia del pseudo-influencer.

1-mochila/nevera más o menos grande con capacidad para tres tupperwares.

2-boli: Te preguntarás para qué sirve un boli, si puedo hacer todo con el móvil… (Uy no, escribir a mano sobre papel, ¡qué horror, lo pienso y ya me duele la mano!) Pues calma que está todo pensado: queda muy bien chupar la tapa y mirar en ángulo hacia el techo durante la parte plasta esa en que te hablan y hablan mientras viene la comida.

3-El imprescindible Spencer-phone (que para “smart” ya estoy yo): teléfono grande o tablet y/o cámara, y que sea aparotosa (los más grandes que consigas) con flash cegador y efecto “click foto” (esto último muy importante).

4- Palo de selfie: Definitivamente el mejor amigo de un influencer. El mío se llama Huber, duermo con él, le gusta el descafeinado y tener aventuras con las máquinas del gimnasio. No voy a reconocerlo, pero me mosquea un poco sospechar que en cualquier momento me deja para abrirse su propia cuenta, el muy traicionero, ésta se la apunto.

Pues a comer… digo a trabajar.

Entonces la dinámica será siempre la misma, nos presentamos, pedimos hablar con el encargado y desplegamos nuestro imbatible listado de seguidores con cuidado de poner el dedo índice encima de donde está el número que sale al lado de los “likes”, y entonces esa cifra que sale puesta ahí la multiplicas por 17. (Previsoramente ya habremos hecho el cálculo con la calculadora de nuestro spencer-phone de cuánto es 4 por 17, eso, las matemáticas para los teléfonos. Así no perdemos tiempo multiplicando delante del cliente, y quedamos como unos inteligentes totales).

Y ya está, ya podemos pasar a la parte de pedir la carta. Con la excusa de que tenemos que catar todas las opciones del menú, nos hacemos con cuatro comidas, la de hoy, y las tres de mañana, para lo cual haremos uso de nuestra batería de tupers que ya tenemos preparada.

Y eso es todo, aplícate y estarás a un click de darte tu vidorra, influenciar a quien te plazca y tener un montoooon de “AMIGOS”, todos ellos muy reales y auténticos.

Posibles contraindicaciones:

Ah, una advertencia, poner atención a qué tipo de restaurante entráis, porque actuar bajo la influencia del hambre a veces nos puede jugar una mala pasada y bueno… sólo diré que mis súper técnicas de persuasión con un adolescente tras el mostrador de un Mc Donalds, sencillamente no funcionan, darlo por imposible. Sólo me ha conseguido un puntapié, una demanda, una orden de alejamiento, una hamburguesa doble de gorra y una quemadura de segundo grado con un café ardiendo… pero yo sigo fiel a mi pasión… y luego dicen que esta vida no es emocionante.

Os dejo que es la hora de la comida y escucho al microondas llamándome.

Hasta otro artículo mis queridos y agobiantes seguidores, megustearme, suscribillarme y no me agobiéis con muchos comentarios, recuerden que yo no contesto. Spencer Influencer

By nano marchione

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